Dios vio que estabas cansado y que no había cura para tus dolencias, así que te abrazó y susurró: «Ven a mis brazos». Estuvimos contigo cada segundo de tu vida, colmándote de amor, cuidado y ternura. Con el corazón roto y lágrimas en los ojos, te vimos partir en paz y serenidad para descansar con Dios. Fuiste un buen padre y esposo. Le juraste amor eterno a tu esposa, y solo la muerte pudo separarlos, y así se cumplió. Fuiste lo mejor de lo mejor. Estarás en nuestros corazones cada segundo y cada aliento de nuestras vidas. Te amamos, Padre.
To send flowers
to the family or plant a tree
in memory of Abelardo Castro Alvarez, please visit our floral store.